martes, 3 de octubre de 2017

Baúl de R. restaurado.


Antes y después.


 Raquel nos trajo al taller este baúl que estaba bastante deteriorado.
Le faltaba una de las patas y en su lugar aparecía un buen agujero, dejando ver las maderas y chapas metálicas rotas.
El fondo o parte baja y posterior, estaba hundido.


No tenía las bisagras, con lo cual la tapadera estaba por un lado y el cajón por otro.


El interior presentaba un aspecto bastante feo, con su forro de papel, muy roto y unas manchas de grasa o aceite.
Fregamos todo el baúl, con agua, jabón y lejía. Cuando estuvo bien seco, lijamos todo el interior para poder desprender todo el papel, que salia a trozos muy pequeños.


Después de su limpieza, tratamos la posible carcoma, porque salían de sus juntas unos pequeños insectos, cosa que no es de extrañar porque también tenía pajas, por haber estado en un corral o pajar.
Tanto la parte trasera como las patas y el fondo posterior, estaban pintados con una purpurina en spray y no era demasiado bonito.


En la parte frontal, le faltaba una de las cerraduras, dejando ver en su lugar un agujero.


En la parte de abajo, reforzamos con maderas que envejecimos.

 

Como su dueña nos había indicado que quería conservar su aspecto oxidado para que no perdiera su identidad, respetamos su opinión y enderezamos las chapas metálicas, le fabricamos la cerradura que le faltaba y en lugar de las patas colocamos unos tacos de madera y sobre estos unas ruedas para facilitar su desplazamiento, al pasar la aspiradora.


En el centro de la tapa le colocamos un tirador de cuero envejecido para que se abriera con más facilidad.


Tapizamos todo su interior con una tela plastificada porque de haber empleado papel, con el tiempo y por las grandes diferencias de temperatura que tenemos en esta zona, se hubiera roto sin pasar mucho tiempo.


En la parte trasera dimos varios toques de pintura en tonos rosados, amarillos, marrones y morados para disimular tanto dorado.
Le colocamos un cuero viejo a lo largo, por detrás para reforzar la bisagra interior.


Al secar la pintura, le dimos dos manos de barniz incoloro como protección.


Su interior quedó bonito y sobre todo limpio para poder utilizarlo como ropero.


Ha sido un trabajo de restauración muy laborioso pero a Raquel le gustó el resultado final y nosotros nos sentimos satisfechos.  




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